Nacionales
Cuando el foco se corre de la víctima
En los últimos días, el femicidio de Agostina Vega volvió a poner sobre la mesa una discusión que el periodismo todavía tiene pendiente: cómo contamos los hechos de violencia contra las mujeres y, especialmente, contra las niñas y adolescentes.
Y es importante hacer una aclaración. No estamos hablando de todos los medios ni de todos los periodistas. Existen coberturas responsables, respetuosas y comprometidas con la verdad. Pero también existen prácticas que merecen ser revisadas, especialmente porque los medios de comunicación tienen un enorme peso en la construcción de opiniones, en la manera en que la sociedad interpreta los hechos y en los sentidos que se generan alrededor de ellos.
Cuando ocurre un crimen de estas características, la noticia debería tener un centro claro: una adolescente de 14 años fue asesinada. Sin embargo, muchas veces el relato mediático toma otros caminos. Aparecen especulaciones, detalles morbosos, reconstrucciones innecesarias, versiones sin confirmar y hasta análisis que terminan poniendo el foco en cualquier aspecto menos en la gravedad del hecho.
El periodismo tiene la obligación de informar. Pero informar no es alimentar el morbo. Informar no es convertir una tragedia en un espectáculo. Informar tampoco es buscar el dato más impactante para generar clics, audiencia o repercusión en redes sociales.
Esto no significa dejar de hacer preguntas ni abandonar el rigor periodístico. Significa comprender que existe una problemática social detrás de estos hechos y que la manera en que los contamos también construye sentido. Significa evitar la revictimización, no responsabilizar a la víctima por sus decisiones, sus vínculos o sus conductas, y no presentar la violencia como un episodio aislado o inevitable.
En casos como el de Agostina, la responsabilidad de quienes comunicamos es aún mayor. Porque detrás de los titulares hay una familia atravesando el dolor, una comunidad conmocionada y una sociedad que necesita comprender qué ocurrió para evitar que vuelva a suceder.
Quizás el desafío sea volver a lo esencial. Antes que la primicia, la humanidad. Antes que el impacto, la verdad. Antes que el espectáculo, el respeto.
Porque cuando una adolescente de 14 años es asesinada, ninguna historia paralela debería ocupar el lugar principal. El centro de la noticia debe seguir siendo el mismo: una vida que fue arrebatada y una sociedad que no puede acostumbrarse a eso.
Cuando ocurre un crimen de estas características, la noticia debería tener un centro claro: una adolescente de 14 años fue asesinada. Sin embargo, muchas veces el relato mediático toma otros caminos. Aparecen especulaciones, detalles morbosos, reconstrucciones innecesarias, versiones sin confirmar y hasta análisis que terminan poniendo el foco en cualquier aspecto menos en la gravedad del hecho.
El periodismo tiene la obligación de informar. Pero informar no es alimentar el morbo. Informar no es convertir una tragedia en un espectáculo. Informar tampoco es buscar el dato más impactante para generar clics, audiencia o repercusión en redes sociales.
Esto no significa dejar de hacer preguntas ni abandonar el rigor periodístico. Significa comprender que existe una problemática social detrás de estos hechos y que la manera en que los contamos también construye sentido. Significa evitar la revictimización, no responsabilizar a la víctima por sus decisiones, sus vínculos o sus conductas, y no presentar la violencia como un episodio aislado o inevitable.
En casos como el de Agostina, la responsabilidad de quienes comunicamos es aún mayor. Porque detrás de los titulares hay una familia atravesando el dolor, una comunidad conmocionada y una sociedad que necesita comprender qué ocurrió para evitar que vuelva a suceder.
Quizás el desafío sea volver a lo esencial. Antes que la primicia, la humanidad. Antes que el impacto, la verdad. Antes que el espectáculo, el respeto.
Porque cuando una adolescente de 14 años es asesinada, ninguna historia paralela debería ocupar el lugar principal. El centro de la noticia debe seguir siendo el mismo: una vida que fue arrebatada y una sociedad que no puede acostumbrarse a eso.
Comentarios
Todavía no hay comentarios publicados.
Para comentar tenés que iniciar sesión.
Ingresar Crear usuario